APRENDER A VER

APRENDER A VER

 

 

En mi opinión, es interesante aprender a ver las cosas y las personas sin asociarlas a un nombre, a una creencia o a un concepto.

 

Las cosas y las personas nacen libres de adjetivos, y estos no son obligatorios; son orientativos pero a veces se convierten en desorientadores, porque están mal seleccionados o mal adjudicados.

 

Ver es el efecto de mirar, y mirar sólo produce el hecho de ver, de verificar, pero no los pensamientos ni los enjuiciamientos con que los acompaña nuestra mente, o nosotros, a lo que estamos viendo.

 

Ver debiera ser un recreo, una observación sin sentencia, el hecho de darse cuenta, o sea…sólo ver. Pero, parece ser que hay que esforzarse mucho, y querer renunciar expresamente a las viejas costumbres y los prejuicios para ser capaz de abrir los ojos y ver.

 

Ver es abrir la propia honradez y exponerse a ella. Es contemplar sin afectación, sin pretextos ni justificaciones, libre de injusticias y sin ceguera. Es percibir con nitidez, con toda la atención puesta en el objeto de la observación, en lo que realmente es por sí mismo y sin pasar por nuestros filtros ni nuestras condiciones.

 

Ver es fijarse y reconocer, pero de modo que no traspase la línea de la información y el descubrimiento, que no se escape de la objetividad y que se pueda mantener la realidad sin ser deformada por nosotros.

 

Aprender a darse cuenta es una tarea que va a requerir tiempo y atención, porque nuestras costumbres y reacciones van a ser más rápidas que nuestra consciencia. Lo primero que va a aparecer es el juicio o el prejuicio, al mismo tiempo que la necesidad de nuestro ego de estar por encima o por delante de lo descubierto y sobresalir. La comprensión, si no se la llama, no siempre se presenta. O tarda mucho en aparecer. Por eso, antes de enjuiciar hay que saber ponerse en el sitio del otro o de lo otro. No siempre las cosas son lo que parecen y no siempre la intención real ha sido la misma que nosotros presuponemos.

 

En el hecho de ver ha de estar presente siempre la imparcialidad.

 

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Una vez que uno consigue aislar el hecho del propio prejuicio y darse por enterado, pero teniendo los datos reales y no auto-modificados, es cuando llega el momento de actuar con objetividad ante esa realidad y hacer lo que se crea conveniente. Entonces se está preparado para obrar.

 

Usa la sinceridad y la honradez al ver, pero también el silencio mental y una comprensión amplia  y limpia.

 

Quédate por encima de los propios hechos y de los estados emocionales y podrás ver. VER.

 

Te dejo con tus reflexiones…

 

Francisco de Sales

 

 

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