COMPRENDER ES MUCHO MÁS PROFUNDO QUE CONOCER

COMPRENDER ES MUCHO MÁS PROFUNDO QUE CONOCER

 

 

En mi opinión, aplicamos con demasiada facilidad eso de decir que “conocemos” a otro, ya que eso no es cierto –porque siempre quedan cosas que el otro no muestra o que uno no es capaz de ver- y llamamos “conocer” a algo que es poco más que “distinguir” o “tratar con asiduidad”.

 

Aún superando estos sucedáneos de “conocer”, y aún llegando a formar con otro eso que denominamos amistad, con eso se abarca lograr una cierta intimidad, pero sigue siendo insuficiente cuando se trata de alcanzar la compenetración absoluta con el otro. Eso se logra cuando uno es capaz de comprender.

 

Comprender implica mucho más que el conocimiento, es llegar más allá y penetrar en el interior de la otra persona, es empatizar con ella de tal modo que uno sea capaz de llegar a sus raíces, a su esencia y sus motivaciones, a sentirle y saberle tal y como es.

 

Podemos conocer a muchas personas, pero comprenderlas… muy pocas. Entrar en la naturaleza del otro y entender sus sentimientos, sus modos, sus formas de actuar y manifestarse, y todo ello sin entrar en juicios o críticas, desde el respeto más profundo, desde la percepción completa del otro Ser Humano en toda su plenitud, es algo muy difícil que sólo se consigue cuando realmente existe la voluntad de llevar la relación con el otro más allá de la simple relación amable de educación.

 

Comprender es abrir los brazos y el corazón y acoger. Es llegar más allá de lo superfluo, de la apariencia y el compromiso social, empatizar con el otro y compenetrarse de tal modo que no quepan barreras ni secretos entre ambos. Comprender es hermanarse, es ponerse en el lugar del otro, es la pureza en el vínculo. Es ser el otro para comprender al otro.

 

Si deseas que tu relación con los otros sea de verdad, completa, espiritual, pura… no te conformes con la superficialidad. Lo bueno empieza, precisamente, cuando a tu corazón le interesa todo lo del otro, pero sin ningún tipo de curiosidad frívola, sin interés en la apariencia, sino entrando en él y conociéndole por dentro, desde su propia alma y sus circunstancias y sus experiencias.

 

Es así como se comprende a la otra persona realmente.

 

Hay otros pasos más allá en las relaciones superficiales o de compromiso, más allá incluso de la complicidad y la intimidad. Está el amor sin juicios. Está la hermandad. Está la compenetración. Está la comprensión.

 

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Te dejo con tus reflexiones…

 

Francisco de Sales

 

 

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