DESILUSIONARSE ES MUY BUENO

DESILUSIONARSE ES MUY BUENO

 

 

En mi opinión, y para que estemos de acuerdo en la misma idea con respecto a lo que significa desilusionarse, es mejor recurrir al diccionario, donde encontraremos esto:

 

ILUSIÓN:

Concepto, imagen o representación SIN VERDADERA REALIDAD, SUGERIDOS por la IMAGINACIÓN o causados POR ENGAÑO DE LOS SENTIDOS.

 

DESILUSIONAR:

Perder la ilusión.

 

A la vista de estas definiciones, es bueno y necesario desilusionarse, para salir de la ilusión y entrar en la realidad. También queda claro que es conveniente no ilusionarse cuando la ilusión se ha creado solamente con los elementos fantasiosos de la definición, y para que se salga de lo utópico o la fantasía conviene llamar a las cosas por su nombre.

 

Más que “tener una ilusión” me gusta “tener un propósito” (que es el ánimo o intención de hacer algo, o el objetivo que se pretende conseguir) porque en el propósito hay implicación personal, voluntad, esfuerzo, y no se deja solamente en manos del azar o la fantasía. No es solamente un “sueño” sino la opción de hacerlo realidad. Tener un propósito es un objetivo o una meta con más potencia y verdad que una simple ilusión.

 

Más que “tener una ilusión” me gusta “anhelar” (que es un deseo que tiene una fuerza impetuosa, ardiente y llena de pasión) porque en ese anhelo hay motivación y uno se implica plenamente y porque la fuerza que pretende conseguir ese anhelo sale del interior, de lo profundo, de lo imparable, de lo que está plenamente convencido y plenamente implicado en conseguirlo.

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Más que “ilusión” me gusta “esfuerzo”  (que es el empleo enérgico del vigor o la actividad del ánimo para conseguir algo venciendo dificultades) porque en eso existe sacrificio y constancia, voluntad y brío, y una fuerza capaz de afrontar lo que sea necesario y de enfrentarse a lo que sea con tal de conseguir lo que uno se ha propuesto.

 

Ilusionarse es fantasear en gran medida. La mente no tiene límites e imagina cosas que son o pueden ser demasiado utópicas, inaccesibles para nosotros –tal vez accesibles, pero para otros-; a la mente le falta, en estos casos, tomar conciencia de la realidad y las limitaciones. Uno se ilusiona y cuando lo ilusionado se encuentra con la realidad, con las posibilidades reales de ser llevado a cabo, se estrella, se decepciona, se desilusiona. Y lo que hasta ese momento era ideal, maravilloso, el mayor deseo… se convierte en frustración. Las ilusiones pueden ser una gran fábrica de frustraciones.

 

Antes de emprender algo uno tiene que ser muy consciente de sus posibilidades y sus limitaciones. Repito que la mente imaginativa –que es fantasiosa y caprichosa- cree que puede con todo y no es capaz de ver todas las dificultades. Es muy infantil. En la realidad, que es lo cierto, existen trabas e imposibilidades, y hay que contar con eso porque es lo que nos vamos a encontrar.

 

¿Hay que tener sueños? claro que sí, por supuesto. Pero sólo los que se puedan hacer realidad, aunque sea con esfuerzo.

 

¿Se puede fantasear con deseos en la imaginación? claro que sí, por supuesto. Pero teniendo en cuenta que son sólo un recreo, un juego, y que llevarlos a la realidad puede ser imposible.

 

¿Se pueden tener ilusiones por algo? sí, se puede. Pero es más recomendable que sea un propósito, un anhelo, una intención firme, y conviene tener consciencia clara de las limitaciones y de la necesidad de esfuerzo que requiere traspasar algo de la irrealidad a la realización.

 

Te dejo con tus reflexiones…

 

Francisco de Sales

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