ES OBLIGATORIO PARARSE

ES OBLIGATORIO PARARSE

“No frenar de vez en cuando el ritmo para tomarse un respiro sólo sirve para llenar los recuerdos de sensaciones pasajeras y superficiales que a la larga no hacen sino dejar una falsa densidad como de vacío y una angustiosa sensación de culpa”.
(José Luís Alvite)

En mi opinión, estamos tan atareados, tan agitados, tan estresados, tan llenos de compromisos y obligaciones, tan… tan…tan… que no nos paramos a hacernos las preguntas fundamentales y profundas: las realmente importantes.

Parece como si aplazásemos todo para un mañana que siempre acaba siendo, lógicamente, mañana. Nunca hoy.

Parece que le damos prioridad o preponderancia a lo urgente y no a lo importante.

Parece que es necesario que concurran en nuestra vida algunas circunstancias que nos obliguen a darnos cuenta de lo que estamos o no estamos haciendo, porque por las buenas no lo hacemos. Esas circunstancias son, casi siempre, desagradables, trágicas o dolorosas. 

Así que paramos unos segundos el día de nuestro cumpleaños para decir “otro año más” –que en realidad es otro año menos- pero en seguida nos reincorporamos a la fiesta; decimos en Nochevieja “qué pronto se ha pasado otro año” y nos volvemos a llenar la copa de champán para espantar el pensamiento; acudimos al entierro de un conocido y mientras dura el funeral, circunspectos y cariacontecidos, hacemos como que reflexionamos sobre la vida y la muerte, “me lo tengo que tomar en serio y pensar sobre esto… bla… bla… bla...”, pero como a la salida nos encontramos con gente a la que no veíamos desde hace tiempo pues se nos va la reflexión hasta el próximo entierro.

Lo malo de esto es que enseguida volvemos al frenético mundo que no nos permite apearnos para sentarnos y mirar hacia el final del camino, en el que se puede ver, si la consciencia tiene bien la vista, una tumba con nuestro cuerpo y una lápida con nuestro nombre.

¿Cuándo voy a parar?

¿Cuándo me voy a poner a resolver los asuntos importantes pendientes?

¿Cuándo voy a averiguar lo que realmente quiero?

¿Cuando ya sea demasiado tarde?

¿Cuando ya no tenga remedio?

¡Por Dios!, ¡Que se me va a acabar la vida y todavía estoy sin resolver qué quiero hacer con ella!

¡Por favor!, ¿Cuándo me lo voy a tomar en serio y voy a dejar de engañarme?

¿Quién está decidiendo por mí que, evidentemente, no soy yo?

Ahora hay dos opciones principales: o dejas que cualquier pensamiento relacionado con prisas, urgencias, responsabilidades, miedos, dudas, o con excusas variadas, te salven de este apuro y te lleven a otra cosa (tal vez con una promesa incierta de retomarlo en breve), o bien te enfrentas a ello en un ejercicio de valentía, de amor propio, de dignidad, de sentido de responsabilidad, de toma de conciencia de la importancia de este asunto, y lo resuelves. 

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O resuelves, por lo menos, una parte. 

Si lo haces, te adelanto que tienes mucha tarea por delante, y te adelanto que no va a ser fácil. Pero, a cambio de estos inconvenientes, te adelanto otra cosa: es lo mejor que puedes hacer por ti. Y tú vas a ser, sin duda, el primer y gran beneficiario.

Otra vez te planteo dos opciones principales: o dejas pasar esta oportunidad –y ya sabes que te vas a arrepentir más adelante. Sí, lo sabes-, o te pones a ello ahora mismo y le dedicas toda la atención y dedicación posible hasta que tomes las decisiones importantes que te harán sentirte satisfecho de tu vida y de ti. 

Si optas por la segunda, será el comienzo de una nueva vida. Tu vida.

Te dejo con tus reflexiones…

 

Francisco de Sales

 

 

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