LO ÚNICO SEGURO DEL FUTURO

LO ÚNICO SEGURO DEL FUTURO

 

 

En mi opinión, y estoy convencido de que por primera y quizás única vez todos estaremos de acuerdo, sólo hay una cosa segura en el futuro y esa cosa es la muerte. Así de contundente.

 

No podemos garantizar ni una sola cosa más. Podemos suponer, elucubrar, desear, intuir, presagiar, idear, o elaborar planes, pero ninguna de esas cosas garantiza que realmente se vayan a hacer realidad.

 

Hay un mayor o menor índice de probabilidades de que algunas cosas sucedan –porque así ha sido hasta ahora-, y todos damos por supuestas algunas cosas, como que mañana amanecerá, pero… ¿Estaremos todos vivos mañana o todos no?

 

Suponemos que seguirá girando la tierra, y el sol en su sitio, y las lluvias cuando corresponda, que nos casaremos o cambiaremos nuestro vehículo por otro mejor, pero… ¿Alguien lo puede garantizar al ciento por ciento?

 

Dado que la infalibilidad de la llegada de la muerte es indiscutible e innegociable, no queda más remedio que seguir adelante con esa certeza de que en algún momento se hará realidad. Hasta entonces… a vivir.

 

A este vivir que nos queda hasta la llegada de la muerte sería muy conveniente dotarle de mayúsculas y convertirlo en VIVIR. Por supuesto que no se ha de quedar en este truco de escribirlo de ese modo, sino que se trata de hacer mayúsculo, realmente, lo que hacemos en nuestra vida.

 

Se trata de magnificar los instantes llenándolos de magia y maravilla, y esto no se refiere a hacer aparecer elefantes dentro de una chistera, sino a apreciar en su justa medida –y no depreciándolas o menospreciándolas- las cosas que están a nuestro alcance, lo que vemos o sentimos, las compañías que nos son gratas, los momentos emocionantes –que ocurren más a menudo de lo que nos damos cuenta-, las grandísimas pequeñas maravillas, el mismo paisaje o el mismo sol de siempre apreciados con otra mirada distinta…

 

El Creador nos ha dotado de la capacidad de emocionarnos y de la capacidad de percibir, nos ha dotado de la facultad de sonreír, del sentido del humor y del prodigio que es reír, de esa  grandeza que es poder acariciar o ser acariciado y lograr con ello un estremecimiento, del milagro que es poder escuchar las voces y las palabras que nos dedican quienes nos quieren o las músicas que nos embelesan, el portento que es poder ver tantas cosas extraordinarias a través de los ojos, el disfrutar de una comida o una bebida, o poder complacerse con esos olores que nos embriagan.

 

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Tantos placeres a nuestra disposición sin aprovecharlos sería como un desaire al Creador, casi un desprecio.

 

Todas esas cosas –en el terreno material- más las cosas espirituales a las que podemos acceder y de las que podemos disfrutar, son ingredientes más que satisfactorios para dotar a nuestra vida de una sensación cercana a la plenitud.

 

Después tenemos esa cualidad de ser bondadosos que podemos mostrar si lo deseamos, la capacidad gloriosa de amar y ser amado, la sensación de trascendencia, la fe o Dios –para algunos-, la meditación, la generosidad, la creatividad, la amistad, la gratitud, la empatía…

 

Lo único seguro del futuro es que nos traerá la muerte y la muerte nos hará desaparecer.

 

Hasta entonces, la vida depende de nosotros, y lo que pongamos en ella depende de nuestra intención y atención.

 

Los que vivan muchos años comprobarán que llegando a cierta edad aparece lo que se podría denominar “El Tiempo de los Arrepentimientos”, y este tiempo es largo y dificultoso de atravesar si uno lleva muchas cosas de las que arrepentirse.

 

Tú, de momento, estás a tiempo de poner remedio y evitarlo.

 

Te dejo con tus reflexiones…

 

 

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