MI BÚSQUEDA DE DIOS

MI BÚSQUEDA DE DIOS

 

“La búsqueda de Dios es la búsqueda de UNO MISMO en su interior.”

 

 

En mi opinión, cuando nos dijeron que Dios estaba en los Cielos –y señalaban con un dedo apuntando hacia arriba- y que Dios era alguien alejado, accesible nada más que a través de la oración y con la intermediación de la Iglesia, Dios como alguien de quien no se recibían respuestas claras, y cuyo monopolio poseen ciertas religiones –que, por otra parte, se ha arrogado la exclusividad para hablar con Él directamente-, nos hicieron un gran daño a algunos que sentimos que Dios no puede ser eso, o no puede ser exclusivamente así, ya que intuimos que de algún modo Dios tiene que ser más accesible, más cercano, un poco más humano, y se Le puede sentir más cerca y al lado del corazón, que es donde mejor se Le puede sentir.

 

Así que algunos deseamos o sentimos o intuimos o necesitamos un Dios más cercano, interno, que haya dejado una parte suya en nuestro interior al alcance de nuestros sentimientos más puros, para que de ese modo Le podamos tener más presente y podamos contagiarnos de Él.

 

Algunos pensamos o sentimos o intuimos que algunas de las cualidades más nobles de los humanos no son más que presencias de Dios, y de ese modo cuando uno practica la bondad siente que es un poco como Dios –a otra escala-, y cuando uno es generoso le parece que también Dios es así, y cuando uno siente el amor y lo da es capaz de creer –sin palabras- que esa es una manifestación de Dios a través de uno.

 

De ese modo uno Le experimenta con la asiduidad que desee y sin necesidad de tener que ir a una iglesia donde más bien parece que Dios está recluido. Y no sé si en contra de Su voluntad…

 

Prefiero un Dios que no esté necesariamente en un sitio que llamamos Cielo –con mayúscula inicial-, y que pueda sentirlo dentro de mí; que esté dentro de mí y se confunda a veces con mi conciencia –que es como un Dios en pequeñito-, que sea la parte de mí que hace brotar espontáneamente mis obras buenas, que se disfrace de esas ganas de abrazar al desamparado y dar de comer al hambriento –en la medida de mis posibilidades-, que lleve mi mano al bolsillo y saque un billete para entregarlo cuando se presente la ocasión, que me haga pararme ante su creación y me abra los ojos y el corazón y desentumezca mi capacidad de asombro y ponga en mi voz asombrada la exclamación ¡¡Dios!!

 

No me agrada un Dios que me observe con cara seria desde un Trono en la distancia –un poco inquisitivo y juzgador desde su infalibilidad-, sino que prefiero uno que viva dentro de mí, que esté a mi lado cuando me enfrento a lo conflictivo que resulta a veces estar en la Tierra y tener que vivir la vida, que comparta conmigo mis debilidades y supla a mi esperanza cuando se me va, y que me eche el brazo por el hombro cuando lo necesito y haga magia para mí borrándome la aflicción de los labios y de la mente.

 

Prefiero un Dios tutor que me oriente, que avive mis cualidades, que fluya desde mí e influya en mí, que sea una vocecita que me da ánimos y me diga que voy bien, que estoy en el Camino, que aún puedo mejorar.

 

Prefiero un Dios cercano, al que tanto le pueda contar un chiste como mis dudas y en ambos casos me preste la misma atención, que me hable sin voz pero me hable claro, que se funda con mis sentimientos para que todos se desarrollen contagiados por Él.

 

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Prefiero Sentirle que teorizar sobre Él.

 

No sé… Así es como lo siento… Así es como lo deseo.

 

Me complicaron la vida religiosa cuando me dijeron que estaba lejos y era inaccesible. Me confundieron.

 

A día de hoy sigo sintiéndole dentro y cerca, y no fuera y lejos.

 

No sé cómo Le verás tú... ¿Cómo Le ves?
 

Te dejo con tus reflexiones…

 

 

Francisco de Sales

 

 

“Oír o leer sin reflexionar es una tarea inútil”. (Confucio)

 

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