NOSOTROS NOS GANAMOS LA SUERTE

NOSOTROS NOS GANAMOS LA SUERTE

 

 

En mi opinión, no siempre tenemos claro de qué estamos hablando cuando nos referimos a la suerte, y creo que es interesante saberlo para diferenciar qué cosas corresponden a la suerte y cuáles son el efecto de alguna causa previa.

 

Si vamos al diccionario nos encontramos con la definición de que la suerte es un “encadenamiento de los sucesos considerado como fortuito o casual”. Según esto, queda claro que es algo en lo que uno no interviene directamente. Parece que son los sucesos quienes actúan por sí mismos.

 

Pero hay ocasiones en que usamos el concepto de suerte equivocadamente, y no queremos reconocer que eso a lo que llamamos buena suerte o mala suerte no es más que el resultado de nuestras acciones u omisiones anteriores. Cuando no queremos responsabilizarnos de algo desagradable que nos ha ocurrido, decimos que tenemos mala suerte y de ese modo la culpabilizamos a ella y no asumimos nuestra responsabilidad.

 

Por tanto, es mejor que apliquemos los términos correctamente, porque si uno lo deja todo en manos de la “suerte”, es posible que no esté haciendo lo que tiene que hacer escudándose en que las cosas no dependen de uno mismo sino de algo azaroso, y que se auto-justifique pensando “¿para qué me voy a esforzar?, voy a confiar en la suerte…”

 

Del esfuerzo y la dedicación puede surgir un resultado positivo al que se le puede llamar erróneamente “buena suerte”. De la vagancia y la desatención puede surgir un resultado negativo al que se le puede llamar erróneamente “mala suerte”.

 

Personalmente soy partidario del esfuerzo y de la dedicación, de tener ideas elaboradas y que sean claras, de los planes bien proyectados y de los propósitos firmes. De este modo las posibilidades de que el resultado sea bueno se multiplican.

 

Hay que tener muy claro que la mayoría de las cosas –no todas- dependen de nosotros, así que de algún modo tenemos control sobre los resultados y sobre el futuro de nuestras acciones, y ser conscientes de esto hará que nos relajemos un poco en el sentido de que el resultado de todo nuestro esfuerzo no va a depender de una casualidad o de algo fortuito.

 

Nosotros podemos y debemos colaborar para que eso a lo que llamamos suerte, sea favorecedora. Nosotros debemos tomar la responsabilidad y el mando para que las cosas sean tal como deseamos que sean. Nosotros podemos direccionar los resultados, poner de nuestra parte las mejores posibilidades en los logros.

 

Confiar en el destino, en el porvenir, en los hados… es una insensatez a los ojos de la lógica y la razón. Si por un acaso eso tuviera sentido, resulta un poco misterioso explicar la lógica tan ilógica con la que se aplica, o si realmente hay en esa buena o mala suerte algo de lo que podríamos llamar karma o dharma, o si es simplemente casualidad y no está relacionado con nuestro proceder de esta u otras vidas, si es un premio aleatorio, o si es un regalo o un castigo directo.

 

Parece que lo que se llama –a veces erróneamente- buena o mala suerte se debe más a buena o mala planificación y organización en las cosas de nuestra vida, a la correcta o inadecuada actitud, al tipo de preparación personal, y a la dedicación –plena o desatenta- a las tareas que corresponden.

 

Parece más sensato pensar que esos “encadenamientos de los sucesos considerados como fortuitos o casuales” no son tantos como creemos. Es más posible que lo que nos sucede sea una “causalidad” (ley en virtud de la cual se producen efectos) y no una “casualidad” (combinación de circunstancias que no se pueden prever ni evitar). En el primer caso se interviene de algún modo personalmente. En el segundo caso no se interviene personalmente.

 

Yo soy más partidario del dicho de “A Dios rogando pero con el mazo dando”. Traducido muy libremente como “se puede confiar en la suerte si se quiere, pero más vale colaborar con la vida para que nos sucedan cosas mejores fruto de nuestro esfuerzo y dedicación”.  O sea, no esperar a la suerte y sí ganarse la suerte.

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Siento si este texto va a chafar la ilusión de algunas personas, pero pienso que ilusionarse puede ser un peligro y que es mejor desilusionarse a veces. Tener esperanzas y anhelos está bien, pero dejar nuestra vida en manos de la ilusión es un poco irresponsable.

 

(Aquí tienes más información sobre esto último:

 DESILUSIONARSE ES MUY BUENO http://buscandome.es/index.php/topic,15683.msg18230.html#msg18230)

 

Te dejo con tus reflexiones…

 

Francisco de Sales

 

 

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