ODIAR ES MUY PERJUDICIAL… PARA UNO MISMO.

ODIAR ES MUY PERJUDICIAL… PARA UNO MISMO.

 

 

En mi opinión, odiar es muy perjudicial, es contraproducente, es inútil, no aporta nada positivo, no resuelve nada, y a cambio le hace a uno estar en una sensación incómoda, desagradable, que lejos de beneficiarle lo que le hace es perjudicarle.

 

Odiar es sentir antipatía y animadversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea. El deseo del mal para el otro está implícito en odiar. Y es cierto que a veces, por derecho y justificadamente, sería equitativo que el odiado recibiera un grave mal que estaría impartiendo justicia. Pero… en muchas ocasiones, después del arrebato y el calentón, pasado un tiempo, uno siente que esa explosión de odio ha sido excesiva, que realmente no desea para el otro el mal con tanta fuerza como se pidió en el momento inicial.

 

En otras ocasiones ese odio es merecido. Sin duda. Entran ganas de estrangular o martirizar al causante. Pero…a pesar de eso, y por ponerse a salvo uno mismo y no perjudicarse, es mejor transmutar ese sentimiento en otra cosa y dejar de llevarlo en la mochila.

 

Tanto el odio, como la ira, como el deseo de venganza, son unos ácidos que hacen más daño al recipiente que los contiene que a cualquier cosa sobre la que se viertan. Y esto requiere una buena reflexión.

 

Y hay un dicho que también deja muy claro lo equivocado y peligroso que es para uno mismo odiar: “Odiar a alguien es como tomar un veneno con la intención de que le haga efecto al otro. Es uno mismo el perjudicado”.

 

El que odia es el que está inquieto, sufre, no descansa, martiriza su mente, está alterado, malvive en el rencor… mientras que el odiado ni siquiera es consciente de esto y está tan tranquilo.

 

A la vista de lo anterior… ¿no es absurdo odiar?

 

No se puede generalizar una solución o una actuación concreta y universal, porque cada lector va a estar pensando en alguien distinto  que es quien le provoca o le ha provocado odio, y cada caso de cada persona es completamente distinta, pero, por si te es útil, comprueba si en tu caso hay algo de lo que viene a continuación.

 

En algunos casos se comprueba que cuando se odia a alguien en realidad lo que se está haciendo es traspasarle el odio o rabia que podemos sentir hacia nosotros mismos. Reflejarlo en él para no culpabilizarnos.

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Por ejemplo, si una persona ha estado enamorada de otra, y se ha volcado en esa relación y lo ha dado todo, y después se siente traicionada, o abandonada, tras ese odio hacia el otro se puede estar escondiendo el rencor que se siente hacia sí mismo por haber confiado tanto en el otro, por haberle dado tanto, por no haberse dado cuenta antes de cómo era realmente. ¿Cómo he podido ser tan tonto?, ¿Cómo me he podido dejar engañar? Somos conscientes de nuestra parte de culpabilidad, pero odiamos al otro en vez de reconocer que nos hemos equivocado.

 

Ahí está gran parte de la razón auténtica que ha llevado al odio. Conviene reflexionar sinceramente sobre las situaciones de odio vividas y ver si llevan escondido algo similar a esto.

 

Insisto en que hay motivos para odiar más que justificados, porque hay cosas que parecen imperdonables y que tal vez se merezcan el odio eterno, porque la culpa total y real es de otro, pero conviene mirarlo por si acaso. Y aunque sea cierto, creo que ya ha quedado bastante claro que con odiar no se cambia lo pasado, no se soluciona nada, no hay positividad y sí un auto-maltrato perjudicial e innecesario.

 

Te dejo con tus reflexiones…

 

Francisco de Sales

 

 

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