¡QUÉ DIFÍCIL ES SER HONESTO SIEMPRE!

¡QUÉ DIFÍCIL ES SER HONESTO SIEMPRE!

 

 

En mi opinión, ser honesto siempre no es una tarea fácil. Requiere integridad en todos los aspectos de la vida y en todas las situaciones, y eso es complicado.

 

Se pueden tener unos principios sólidos y respetarlos a rajatabla en ciertas situaciones. Se puede tener una moral insobornable en algunos asuntos. Y ser inamovible en otros, pero también es posible que en ciertas circunstancias uno desoiga, aunque sea levemente, la rigurosidad de cumplimiento que exige la propia honestidad, que uno sea ligeramente permisivo en otras, o que se haga una pequeña trampa.

 

“Todos tenemos un precio”, se dice. Y así es. Todos tenemos un precio. En unas personas es menor que en otras, o en ciertas ocasiones es menor, pero todos podemos dejar de respetar nuestras normas bajo ciertas condiciones.

 

Ser honesto implica aceptar que tenemos “errores” –y que muchas cosas las teníamos que haber hecho de otro modo- , que tenemos “defectos” –y que teníamos que habernos mejorado ya en esos aspectos-, que no somos tan impecables como presumimos –y que también somos como los otros, los que no son “perfectos”-, y esa

sinceridad es costosa de mantener. Se necesita mucha humildad para hacerlo.

 

Cuando uno adquiere el compromiso de iniciar un Proceso de  Desarrollo Personal eso implica una responsabilidad frente a sí mismo en la que no cabe aquello que no sea ético, impecable, decente de acuerdo con la moral personal de cada uno, o que no sea totalmente recto y honrado.

 

Se requiere de una gran integridad y valentía para reconocerse tal como uno es, sin intentar disimularlo o minimizarlo, por la vergüenza que conlleva frente a sí mismo descubrir lo que no gusta de uno. Pero, a cambio, el reconocimiento sincero de ello es, precisamente, algo que alimenta y acrecienta la propia honestidad.

 

Para ser honesto siempre, que es una muy noble aspiración, es necesario aceptarse en este momento tal y como uno es, sin necesidad de idealización ni ocultaciones, sin ponerse en un pedestal que no corresponde ni pretender esconderse nada en secreto. Un reconocimiento objetivo nos pone en el lugar exacto en el que estamos, y si iniciamos el trabajo desde una realidad reconocida y aceptada, más adelante nada nos hará retroceder en el proyecto de mejoramiento, nada nos desconcertará porque ya sabremos todo lo que somos.

 

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La sinceridad, con uno mismo y con los otros, ha de presidir nuestra vida. La honestidad, junto con la sinceridad y la humildad, son unos pilares fundamentales sobre la que se pueden construir sólidos cimientos. Nuestros cimientos.

 

Es posible que no siempre consigamos ser honestos, pero en la voluntad de serlo ya hay un gran mérito. Si uno pretende ser siempre sincero consigo mismo y pretende acercarse a lo mejor que puede llegar a ser, la honestidad es una compañera imprescindible. Cueste lo que cueste.

 

Si uno sabe que es deshonesto nunca será feliz ante sí mismo.

 

Te dejo con tus reflexiones…

 

Francisco de Sales

 

 

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