¿REFLEXIONAR SIRVE PARA ALGO?

¿REFLEXIONAR SIRVE PARA ALGO?

 

 

En mi opinión, el simple hecho de ponerse a reflexionar sobre un asunto, aunque no se llegue a ninguna conclusión o no se haga un descubrimiento deslumbrante, ya es productivo y aporta algo.

 

Aclaro que aunque en teoría viene a ser lo mismo pensar que reflexionar, a mí me gusta entenderlo como dos cosas distintas.

 

Pensar es algo que se puede hacer sobre la marcha, al mismo tiempo que se hace otra cosa, y lo asocio también a algo rápido en el que no se profundiza lo suficiente y uno se conforma con lo primero que aparece. No digo que sea así, digo que yo lo entiendo así.

 

Reflexionar, en cambio, requiere predisposición, un tiempo y un lugar en el que uno no desea verse interrumpido por nada, ya que requiere concentración, penetración en el motivo de reflexión, y alargamiento de las ideas que vayan surgiendo independientemente de cuál sea el destino de cada una de ellas, porque en esa ampliación de la distancia al  punto inicial es donde puede estar la respuesta a una pregunta que aún no se ha hecho.

 

En mi opinión, al reflexionar, aunque aparentemente parezca que no se ha movido nada, no es cierto. En nuestro interior, a nivel mental, pero no en una mente superficial sino en una especie de mente profunda que va mucho más allá de la mente cotidiana, se mueven cosas aunque no se vea inmediatamente el resultado, aunque parezca que no se ha descubierto nada y todo sigue igual.

 

Si uno se plantea una inquietud, o una pregunta, “algo” en nuestro interior se da por aludido, recibe el mensaje, y sabe que tiene que recurrir a su propia sabiduría interna, o la observación atenta de sí mismo, a las experiencias acumuladas, o a cosas que alguna vez ha oído, para darle al preguntador la respuesta que necesita.

 

Apostaría a que en alguna ocasión has comprobado cómo “aparece por las buenas”, sin saber por qué, la respuesta a una pregunta que te hiciste en otro momento, tal vez ayer o hace un mes.

 

Cuando se reflexiona, se crea un ambiente sereno en el que uno contacta consigo mismo en su profundidad.

 

Los pensamientos –a veces dispersos- que surgen de esa reflexión se van ordenando en el sitio que les corresponde, como si conformaran un puzle en el que se van aportando las piezas que faltaban y, por fin, en algún momento podemos verlo ya completo en forma de frase o de sentimiento.

 

Los pensamientos que tenemos en el inconsciente, o aquellos de los que no somos conscientes, se actualizan durante la reflexión. Como costumbre, seguimos aplicando las mismas normas desde hace tiempo y si no las actualizamos quedarán obsoletas y nos seguiremos rigiendo por normas que ya están caducadas.

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Conviene no olvidar que la mayoría de nuestras acciones, pensamientos, miedos, o modos de ser y actuar, se hacen de un modo inconsciente, usando una decisión basada en tendencias o ideologías antiguas, que muy posiblemente nos inculcaron otras personas, y de ese modo resulta que no somos nosotros mismos quienes decidimos aunque creamos que sí.

 

¿Reflexionar? Sí, siempre. Todo lo que se pueda.

 

Ya lo decía Confucio: “Oír o leer sin reflexionar es una tarea inútil”.

 

Te dejo con tus reflexiones…

 

 

Francisco de Sales

 

 

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