Sí se puede controlar el incontrolable mundo de los sentimientos

Sí se puede controlar el incontrolable mundo de los sentimientos

En mi opinión, el mundo de los sentimientos tiene más fuerza que la mente y es más difícil de controlar. Pero no imposible.

El Ser Humano consta básicamente de sentimientos y son ellos, generalmente, quienes gobiernan y dirigen.

El sentimiento de cada momento hasta marca el estado de ánimo, y en función de ese estado uno ve su vida y el mundo como algo agradable, enemigo, armonioso, complicado, agresivo, hermoso, confuso, desesperante, maravilloso, trágico, imposible de controlar…

La mente, si uno aprende a controlarla, puede llegar a ser estable, y uno puede tener más control sobre las situaciones emocionales, y aportar a los sentimientos descontrolados una estabilidad que sobresale por encima de los vaivenes exaltados que tanto nos afectan.

Con la mente se puede llegar a razonar y lograr llegar a acuerdos, a hacerle comprender lo que es bueno o necesario a corto y largo plazo, lo que interesa o es conveniente, lo que uno desea o necesita ecuánimemente, y convencerla de lo que puede aportar integridad y una dirección adecuada en la vida.

Pero, insisto, cuando es una mente que uno es capaz de controlar, ya que si no es así, a los incontrolables sentimientos se añadirá la incontrolada mente y formarán un caos casi irreparable.

Por encima de la alborotada mente y de los inestables sentimientos, y sin verse afectado por sus variaciones, está eso que se llama con acierto el YO OBSERVADOR.

El Yo Observador es nuestra conciencia inafectada. Es la capacidad de DARSE CUENTA, de percatarse de las cosas desde un punto de vista ecuánime, neutral, verdadero, haciéndolo sin presiones emocionales, con objetividad analítica, con toda su capacidad de prestar atención y comprender sin juzgar y sin ánimo de acusar.

El Yo Observador se da cuenta, se hace preguntas, analiza, considera, tiene capacidad para distinguir porque se puede situar en todos los puntos de vista y después descartar los que están contaminados quedándose solamente con el que es verdaderamente imparcial, cierto. Lo hace sin interés por beneficiar o perjudicar, sino que actúa como un juez que no está implicado y puede ver la realidad.

Con una mente así, controlada por el Yo Observador, uno puede enfrentarse a los sentimientos que no son reales o están confundidos y despojarlos de la irrealidad que contienen, del error en el que se manifiestan, y comprender la realidad que está detrás de la apariencia.

Porque cuando los sentimientos se manifiestan equivocadamente nos hacen partícipes y víctimas de sus arrebatos descontrolados, y un Yo Observador atento se da cuenta de la realidad porque se hace preguntas.

¿Por qué siento esto?, ¿Dónde lo siento?, ¿Quién siente esto?, ¿Es el ego quien lo siente o soy Yo?, ¿Por qué permito que esto me afecte?, ¿Cuánto de realidad hay y cuánto de resentimiento o de error?

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YO –el Uno Mismo- estoy por encima de los arrebatos pasionales, de los estados temporales, de las soberbias que se manifiestan, de la furia que explosiona, de los miedos sin pies ni cabeza, de los impulsos inconscientes…

YO –el Uno Mismo- tengo la responsabilidad de gobernar mi vida, de procurarme una estabilidad emocional equilibrada en la que sólo se manifiesten los sentimientos reales y en su forma real, no disfrazados ni usurpando otro sentimiento que no es el verdadero.

Y esto se refiere, lógicamente, a los sentimientos contaminados, impuros, inciertos, porque cuando un sentimiento es real hay que dejarlo que se manifieste durante su tiempo de vida, porque tiene algún sentido, porque es natural, porque somos humanos.

Sólo hay que vigilar y controlar aquellos que se han desmadrado o que intentan alargarse artificial e innecesariamente, los que brotan confundidos, los que nos hacen daño, y los que nos crean intranquilidad, porque ninguno de ellos es real.

El mundo de los sentimientos es incontrolable hasta que se aprende a controlarlos.

Cosa que te recomiendo.

Te dejo con tus reflexiones…

Francisco de Sales

“Oír o leer sin reflexionar es una tarea inútil”. (Confucio)

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