TENGO LA AUTORIDAD QUE ME DAN MIS 65 AÑOS

TENGO LA AUTORIDAD QUE ME DAN MIS 65 AÑOS

 

 

En mi opinión, el hecho de acumular muchos años de estancia en este mundo, y de haber tenido muchas y diversas vivencias, autoriza a las personas a emitir sus observaciones –sin pretender imponerlas-, a compartir sus reflexiones –sin pretender imponerlas-, y a contar cómo se ve la vida desde la atalaya de sus muchos años de experiencia y sus muchas informaciones –sin pretender imponer nada-.

 

Por supuesto que esto se ha de hacer desde la objetividad y con objetividad. No es lícito aprovechar la tribuna para airear los desencantos, ni para opinar desde las frustraciones, ni para adoctrinar con sus verdades personales –que pueden ser sus errores-.

 

Antes se respetaba lo que decían los ancianos. Se les suponía sabiduría o, por lo menos, experiencia. Ahora no se valoran del mismo modo. En parte, porque no todos son fiables puesto que muchos actúan desde suposiciones contaminadas y opinan viendo lo poco que le dejan ver sus orejeras. No hablan por sí mismos, sino por boca ajena. Otros lo hacen desde la prepotencia que creen que les confiere su edad.

 

A mis años la vida se relativiza, lo que antes asustaba pierde su capacidad descomunal, lo que era pequeño crece tanto como le corresponde, los abrazos saben mejor, el amor es más amor, y las sonrisas son más serenas porque se sonríe desde el alma.

 

He vivido, y por eso sé lo que sé. He pasado por casi todo. La prudencia es mi compañera a todas horas. Me he aliado con una sabiduría pequeña, modesta, que he ido configurando a base de observaciones sin juicios, con la mente desembarazada de condicionamientos, con amabilidad, con paciencia, y con prudencia.

 

Miro la vida y el mundo y las cosas y la gente desde el respeto pero sin miedo. El hecho de que me quede poca vida me hace perder el temor a la vida y a la muerte. Quiero decir que ya sé que tengo la batalla perdida y por eso me puedo arriesgar más.

 

Puedo callar cosas que antes explotaban rabiosas en mi boca y puedo decir con toda la tranquilidad otras que se me atascaban o se quedaban reprimidas; ahora las miro con conmiseración, con una sonrisa beatífica que sólo pueden entender los de mi edad.

 

Una de las cosas que deseo transmitir a los jóvenes, y a los de 30 y a los de 40 y a los de 50, es que esto de hacerse mayor y acercarse a la muerte va en serio. Ocurre. A todos. Y cuando se llega a esta edad uno entra de lleno, inevitablemente, en el Tiempo de los Arrepentimientos. Y los hay. Muchos. Se toma conciencia –dolorosamente clara- de que la vida es IRREPETIBLE y que es IRRECUPERABLE. Y, dependiendo del día, eso es una fuente de tristeza. A veces, abate. Los remordimientos por lo no hecho y por lo mal hecho, campan a sus anchas haciendo daño sin respeto. Los dolores –físicos y emocionales- se acrecientan. La muerte se ha llevado a muchos de los seres queridos. El final cada vez está más cerca. Y no soy pesimista, sino realista. Y tomar conciencia de que esto es así lo que consigue es que se viva la vida con más pasión y con más alegría, que se viva mejor y se disfrute más. Así es como hay que tomárselo.

 

A mis 65 años veo las cosas con menos fatalidad y con una resignación que no se siente frustrada. La aceptación se ha instalado en mí y ya no me molesto en pelear contra lo que sé que no debo pelear. Me relaciono a menudo con la paz, y una sonrisa beatífica, que calla mucho, refleja mi estado interior.

 

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No pierdo el tiempo en desesperarme por lo próximo que me viene, que es en declive sin duda; me reconforto sabiendo que he vivido mi pasado del mejor modo que he podido y no me exijo ni me recrimino por lo que no supe o no pude hacer mejor. ¿Para qué?

 

Soy muy consciente de todo lo que he escrito -es mi experiencia personal- y por ello estoy muy atento a la vida. La veo de otro modo, creo que con más atención e inteligencia que los que aún no han llegado a estas reflexiones.

 

No trato de dar consejos, pero… VIVE. Te lo repito: esto va en serio, y los días y las noches ya pasados se acumulan, y uno se carga de años y se descarga de vida. VIVE.

 

Te dejo con tus reflexiones…

 

Francisco de Sales

 

 

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