El cerebro que confunde el rechazo con una herida: la ciencia detrás de los incels

Composición dividida: mitad izquierda muestra un cráneo con radiografía en rojo iluminado en la zona frontal del cerebro; mitad derecha muestra el rostro de un hombre joven sosteniendo un celular con la pantalla de Tinder que dice "No match". Texto superior: "Tu cerebro no distingue."

A fines de los años 90, una estudiante canadiense llamada Alana creó una página web para hablar de la soledad romántica sin vergüenza. La llamó Involuntary Celibacy Project (proyecto de celibato involuntario). Cualquiera podía participar: hombres, mujeres, personas de cualquier orientación. El objetivo era simple: no sentirse tan solos en esa experiencia.

Nadie previó lo que vino después.

Los incels —abreviatura de involuntary celibates, célibes involuntarios— son hombres que atribuyen su falta de relaciones románticas o sexuales a causas externas, principalmente el rechazo femenino, y han construido una identidad colectiva alrededor de esa creencia. El término lo acuñó una mujer en 1997.

Décadas más tarde, ese fenómeno concentra decenas de miles de hombres en foros como incels.is, preocupa a gobiernos de varios países y acumula una bibliografía científica que crece cada año. Para entender qué pasó entre ese foro de apoyo y lo que existe hoy, hace falta ir más allá de la psicología y la sociología. Hace falta el cerebro, la biología y la filosofía.


Primero, el cerebro: el rechazo que duele igual que una fractura

Naomi Eisenberger es psicóloga social de la UCLA. En 2003 publicó en la revista Science un estudio que cambió cómo entendemos el dolor social. La pregunta era tan simple que daba vergüenza formularla: cuando alguien dice que tiene el “corazón roto” o que le “duele” el rechazo, ¿eso es solo una metáfora?

Para saberlo, puso a voluntarios dentro de un escáner de resonancia magnética funcional y los hizo jugar un videojuego de a tres. En determinado momento, los otros dos jugadores —controlados por una computadora— dejaban de pasarle la pelota al participante. Lo excluían. El experimento se llama Cyberball y es tan simple como brutal en sus resultados.

El cerebro de los excluidos mostraba actividad elevada en la corteza cingulada anterior dorsal —la misma región que se activa cuando alguien siente dolor físico. El mismo circuito. La misma alarma neurológica. Y lo más llamativo: cuanto más angustia reportaba el participante, más intensa era esa activación.

La conclusión de Eisenberger fue directa: el dolor social no es una metáfora. Es fisiológico. El cerebro procesa el rechazo usando la misma infraestructura que usa para el daño físico.

Un estudio posterior del mismo laboratorio fue un paso más allá. Los investigadores encontraron que las personas con mayor sensibilidad a un tipo de dolor —el físico— también mostraban mayor sensibilidad al dolor social. El vínculo no es metafórico ni cultural: es genético. Una variante del gen del receptor mu-opioide (OPRM1), el mismo receptor sobre el que actúa la morfina, se asocia a mayor dolor social ante el rechazo.

Además —y esto es lo que complica el panorama— el dolor social puede revivirse. Si alguien recuerda un rechazo de hace cinco años, las regiones cerebrales asociadas al dolor vuelven a activarse. El dolor físico, en cambio, no puede reproducirse mentalmente con la misma intensidad. El rechazo social deja una huella más persistente en el cerebro que un golpe.

Esto es lo primero que hace falta entender sobre los incels: no están dramatizando. Su cerebro está procesando años de rechazo percibido como si fueran heridas físicas acumuladas. Eso no justifica la ideología. Pero sí explica por qué esa experiencia puede volverse tan dominante.


La biología que viene de más lejos: por qué el rechazo sexual duele más que otros rechazos

El cerebro no inventó ese circuito de dolor social por accidente. Lo desarrolló durante cientos de miles de años porque era necesario para sobrevivir.

En los entornos ancestrales en los que evolucionó nuestra especie, ser excluido de un grupo era, con frecuencia, equivalente a morir. Sin el grupo no había comida suficiente, no había protección contra depredadores, no había manera de criar descendencia. El cerebro aprendió a tratar la exclusión social como una amenaza existencial porque, en términos evolutivos, lo era.

Pero el rechazo sexual no es solo cualquier exclusión. Es una categoría particular. La investigadora Ashleigh Kelly y sus colaboradores, en un análisis publicado en Evolutionary Psychology en 2016, señalan que las reacciones al rechazo de pareja son especialmente intensas porque tienen consecuencias directas sobre la aptitud reproductiva. Desde la perspectiva de la selección natural, ser excluido del grupo reproductivo no significa solo quedarse solo: significa no dejar descendencia. En el lenguaje de la biología evolutiva, es la forma más completa de fracaso.

El psicólogo evolutivo David Buss, de la University of Texas at Austin, documentó durante décadas que los hombres muestran una sensibilidad particular ante las señales de rechazo sexual y exclusión del mercado reproductivo. No porque sean más frágiles, sino porque la presión de selección sobre esa sensibilidad fue más intensa para los machos de nuestra especie: los que quedaban excluidos reproducían menos, y esa sensibilidad al rechazo fue seleccionada como mecanismo de alerta temprana.

Lo que tenemos entonces es un problema de desajuste evolutivo: el cerebro humano lleva encima un sistema de alarma calibrado para la sabana africana, donde el rechazo del grupo significaba muerte real. Ese sistema sigue activo en 2026, cuando el rechazo social ocurre en una pantalla, en un chat, en una aplicación de citas. La respuesta neurológica es desproporcionada respecto al peligro real, pero no respecto al peligro evolutivo que el cerebro cree que está enfrentando.

Los foros donde los incels se congregan son, en parte, un producto de ese desajuste. Hombres con un sistema de alarma muy sensible al rechazo, procesando años de exclusión percibida en un entorno que amplifica esa señal en lugar de calmarla.


Lo que la “pastilla negra” hace filosóficamente: Nietzsche tenía un nombre para esto

La ideología central de la subcultura incel es lo que ellos llaman la black pill, la pastilla negra. Su contenido básico: el atractivo físico lo determina todo, el sistema está diseñado para excluir a los que no cumplen ciertos estándares físicos, y no hay nada que hacer al respecto.

Friedrich Nietzsche tenía un nombre para ese tipo de construcción mental. La llamó ressentiment —resentimiento, con la palabra francesa que él prefería—, y la describió en La genealogía de la moral (1887) como una forma específica de reacción psicológica ante la derrota percibida: cuando alguien no puede actuar sobre el mundo que lo frustra, dirige esa energía hacia adentro y construye un sistema de valores que convierte su impotencia en virtud y al poderoso en enemigo moral.

El resentimiento nietzscheano no es simple enojo. Es algo más sofisticado y más peligroso: es la inversión del sistema de valores. Quien no puede ganar deja de querer ganar y empieza a afirmar que el juego es injusto, que los que ganan son malvados, que su propia exclusión es prueba de superioridad moral. “Nosotros somos los buenos precisamente porque ellos nos rechazan.”

La ideología de la pastilla negra sigue ese patrón con llamativa precisión. Las mujeres que no los eligen son superficiales, manipuladoras, cómplices de un sistema corrupto. Los hombres que sí consiguen relaciones son estúpidos o engañadores. La soledad no es un problema a resolver: es evidencia de que el mundo está podrido.

Lo que hace tan peligroso este marco —y aquí Nietzsche sería el primero en señalarlo— es que paraliza completamente. El ressentiment no produce acción transformadora. Produce rumiación, acumulación de agravios, y eventualmente una hostilidad que busca objeto.

La diferencia entre este camino y otro posible la señaló el estoicismo con bastante claridad siglos antes. Marco Aurelio, Epicteto, Séneca: todos coincidían en que el sufrimiento derivado de lo que está fuera del control propio solo puede sostenerse por el pensamiento que lo alimenta. Epicteto, que fue esclavo y conoció de primera mano la exclusión y la impotencia real, escribió que no son los hechos los que perturban a los hombres, sino sus juicios sobre los hechos. El dolor del rechazo es real —y la neurociencia de Eisenberger lo confirma—. Pero el sistema de creencias que convierte ese dolor en identidad y en causa política es una elección, aunque se sienta como una conclusión inevitable.

El estoicismo ofrece lo que la pastilla negra niega: la posibilidad de separar el dolor del juicio sobre el dolor. No para suprimirlo, sino para no construir una cosmovisión completa sobre él.


Lo que la psicología encontró: más sufrimiento del que se ve

Un estudio publicado en 2024 en el Journal of Sex Research, liderado por William Costello con colaboradores de la University of Texas at Austin y Brunel University London, comparó a 151 hombres identificados como incels con 149 hombres solteros no incels. Los incels sobreestimaban de forma significativa el peso del atractivo físico y el dinero en las preferencias femeninas, y subestimaban el valor que las mujeres dan a la inteligencia, la amabilidad y el humor.

Su mapa del mundo estaba mal. Y un mapa malo produce decisiones malas.

El 75% de los incels tiene diagnóstico de depresión moderada o grave, según una investigación publicada en Evolutionary Psychological Science en 2022. El 45% sufre ansiedad grave. La revisión más completa del fenómeno, publicada en 2025 por investigadores del grupo Conflict and Human Security de la Universidad de Córdoba en la revista Aggression and Violent Behavior, analizó más de 80 estudios. Los números, comparados con hombres solteros del mismo rango de edad, muestran algo que vale ver de forma directa:

IndicadorIncelsHombres solteros no-incels
Depresión moderada o grave75%Significativamente menor
Ansiedad grave45%Significativamente menor
Percepción del peso del físico en las preferencias femeninasSobreestimadaCalibrada
Percepción del valor de amabilidad/humor/inteligenciaSubestimadaCalibrada
Aislamiento social percibidoAltoMedio-bajo
AutoestimaBajaMedia

Fuentes: Costello et al., Journal of Sex Research (2024); revisión de Rodríguez et al., Aggression and Violent Behavior (2025); estudio de Evolutionary Psychological Science (2022).

La conclusión de ese conjunto de datos es que los incels experimentan genuinamente mayor soledad, mayor aislamiento social y menor autoestima que otros grupos —y al mismo tiempo, sus creencias empeoran activamente esa situación.

Culpar a otros de la propia soledad no resuelve la soledad. La profundiza.


El foro como cámara de eco: cómo una frustración real se convierte en ideología

Los espacios digitales donde los incels se reúnen tienen una mecánica específica: están diseñados, aunque sin intención, para radicalizar las ideas que sus usuarios ya traen.

Cuando alguien llega a un foro incel por primera vez, generalmente lo hace desde un lugar de dolor genuino. Quizás fue rechazado repetidamente, tiene poca vida social, se siente invisible. Ese dolor encuentra validación inmediata. Junto con la validación llega el marco interpretativo: no es que tenés que trabajar algo en vos mismo, es que el sistema está en tu contra.

Investigadores de la Universitat Oberta de Catalunya señalan que los discursos se vuelven cada vez más extremos porque los usuarios se retroalimentan mutuamente, y cualquier perspectiva que desafíe esa visión del mundo es rechazada de inmediato. El foro crea una burbuja donde el dolor se confirma, amplifica y se codifica en ideología.

Un estudio de 2025 del investigador Jan Christoffer Andersen publicado en Men and Masculinities encontró que la subcultura incel no es homogénea: algunos hombres tienen vínculos laxos con esa identidad y no comparten la ideología de forma completa; otros la viven como una identidad total que organiza toda su percepción del mundo. La distinción importa: las posibilidades de salida son muy distintas en cada caso.

NivelVínculo con la ideologíaParticipación en forosPosibilidad de salida
PeriféricoLaxo, parcialOcasionalAlta
ModeradoSignificativaRegularMedia
TotalIdentidad completaConstanteMuy baja (≈15% con terapia)

Fuente: Andersen, J.C., Men and Masculinities (2025).

Lo que el espectro muestra es que intervenir temprano —cuando el vínculo todavía es laxo— cambia radicalmente los resultados. Un incel periférico y uno total no están en el mismo problema ni requieren la misma respuesta.

El mismo estudio detectó algo que vale detenerse a leer: muchos de estos hombres ocultan cuidadosamente su identidad incel en su vida fuera del foro. En el trabajo, con la familia, con los amigos. El foro es el único lugar donde sienten que “pueden ser ellos mismos”. Lo que señala, también, una profunda falta de pertenencia genuina fuera del mundo digital.


Cuándo se vuelve violento

Una fracción de esta comunidad ha protagonizado ataques violentos documentados. En 2018, Alex Minassian atropelló a 26 personas en Toronto, matando a 10, y dejó un mensaje explícito vinculando su acto a la ideología incel. En 2014, Elliot Rodger mató a seis personas en California por motivos similares. Entre 2014 y 2019 se documentaron al menos seis ataques graves atribuidos a personas identificadas con esta ideología.

Esto no significa que la mayoría sea violenta —la investigación es clara en ese punto—. Pero sí existe un subconjunto dentro del cual la ideología de la pastilla negra funciona como justificación previa para la violencia, especialmente contra mujeres. Y el mecanismo nietzscheano del ressentiment explica en parte cómo se llega ahí: cuando el mundo se divide en agresores y víctimas, cuando la propia exclusión se convierte en crimen ajeno, la violencia puede presentarse como respuesta legítima.

Solo el 15% de los incels que pasan por un proceso terapéutico reporta sentirse mejor. Las intervenciones actuales tienen una eficacia muy baja, en parte porque el sistema de creencias funciona como un escudo que convierte cualquier perspectiva alternativa en amenaza.


Lo que hace falta, y lo que no está funcionando

Los investigadores de la Universidad de Córdoba identificaron en 2025 varias líneas urgentes: desarrollar enfoques de intervención psicosocial que no generen el rechazo inmediato que provoca el choque frontal con las creencias, crear métodos de evaluación directa de esta población, y diseñar estrategias para reducir la influencia de estos espacios sobre jóvenes en situaciones de vulnerabilidad.

Un estudio publicado en Sex Roles en 2024, basado en entrevistas con ex incels, encontró que los puntos de entrada más comunes son la vergüenza en torno a la virginidad durante la adolescencia, el rechazo social repetido y la falta de redes de pertenencia fuera del mundo digital. Los puntos de salida, cuando ocurren, suelen estar asociados a relaciones personales reales: un amigo, un terapeuta, una pareja.

El cerebro que aprendió a procesar el rechazo como una herida puede aprender lo contrario. La neurociencia lo confirma: el apoyo social genuino calma la misma alarma que el rechazo activa. El problema no es biológico. Es que nadie les ofreció una alternativa real antes de que el foro lo hiciera. ¿Cuándo fue la última vez que alguien lo intentó?


Preguntas Frecuentes (FAQ)

¿Qué significa exactamente el término “incel”?

Es la abreviatura de involuntary celibate, célibe involuntario. Se refiere principalmente a hombres jóvenes heterosexuales que atribuyen su falta de relaciones románticas o sexuales al rechazo sistemático de las mujeres y han construido una identidad y comunidad en torno a esa creencia, con frecuencia acompañada de ideología misógina.

¿El dolor que sienten ante el rechazo es real o es exagerado?

Real en términos neurológicos. La investigación de Naomi Eisenberger (UCLA) demostró que el cerebro procesa el rechazo social usando los mismos circuitos que procesa el dolor físico —específicamente la corteza cingulada anterior dorsal. El dolor es genuino; el sistema de creencias construido sobre ese dolor es lo que genera el problema.

¿Todos los incels son violentos?

No. La mayoría no comete actos violentos. Pero se han documentado varios ataques graves atribuidos a personas identificadas con esta ideología, y existe un subconjunto en el que la radicalización ideológica puede funcionar como justificación previa para la violencia.

¿Qué tienen que ver la evolución y la antropología con esto?

El rechazo sexual duele de forma particularmente intensa porque el cerebro humano evolucionó en entornos donde ser excluido del grupo reproductivo tenía consecuencias sobre la supervivencia y la reproducción. El sistema de alarma neurológico fue adaptativo en ese contexto; en el mundo actual genera respuestas desproporcionadas al peligro real.

¿Por qué las intervenciones terapéuticas funcionan tan poco?

La ideología actúa como un sistema cerrado que convierte cualquier perspectiva alternativa en amenaza o en evidencia adicional del problema. Solo el 15% de los que pasan por terapia reporta mejora. Los enfoques más prometedores apuntan a reconstruir redes de pertenencia real, no a debatir las creencias de frente.


Fuentes:

  1. Eisenberger, N.I., Lieberman, M.D., & Williams, K.D. (2003). Does rejection hurt? An fMRI study of social exclusion. Science, 302, 290–292
  2. Eisenberger, N.I. & Lieberman, M.D. (2004). Why rejection hurts: a common neural alarm system for physical and social pain. Trends in Cognitive Sciences, 8(7), 294–300.
  3. Eisenberger, N.I. (2015). Social pain and the brain: controversies, questions, and where to go from here. Annual Review of Psychology, 66, 601–629.
  4. Kelly, A.J., Dubbs, S.L., & Barlow, F.K. (2016). An evolutionary perspective on mate rejection. Evolutionary Psychological Science.
  5. Costello, W., Rolon, V., Thomas, A.G., & Schmitt, D.P. (2024). The mating psychology of incels. Journal of Sex Research, 61(7), 989–1000.
  6. Rodríguez, R., Maldonado, M.A., & Moyano, M. (2025). Deciphering the incels: A scoping review on empirical research. Aggression and Violent Behavior, 85, 102093.
  7. Maryn, A., Keough, J., McConnell, C. et al. (2024). Identifying pathways to the incel community and where to intervene. Sex Roles, 90, 910–922.
  8. Andersen, J.C. (2025). The incel subculture: Drifting in and out. Men and Masculinities.
  9. Nietzsche, F. (1887). La genealogía de la moral. (Traducción de A. Sánchez Pascual, Alianza Editorial, 1972.)
  10. Universitat Oberta de Catalunya (2025). Expansión de las comunidades de incels.

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